Capítulo 31. Negocio

10

–Calma, don Sebastián. –El marqués Antoine Garraleón devoraba un trozo de carnero con total naturalidad, al tiempo que intentaba tranquilizar a Sebastián Barrancones, el mercader altamirio–. Que el duque Evelio mandara a llamar al conde Calisto no nos tiene por qué importar. –Bebió un largo trago de su bebida.

Sebastián Barrancones se mantuvo en silencio observando hacia la chimenea con las manos empuñadas en la espalda. El brillo del fuego tornaba rojiza su cabellera castaña.

–Nuestro… negocio –dijo al fin– ha requerido de mucho tiempo y esfuerzos, don Antoine. Temo que el duque haya escuchado ciertas cosas durante su viaje a Altamiria y que su conversación con el conde Calisto le aclare algunas sospechas. Como usted comprenderá, me es imposible tranquilizarme a la luz de estos acontecimientos.

–Lo que el duque haya conversado con el conde nos debe tener sin cuidado, don Sebastián. Nuestro negocio seguirá en pie. Os lo puedo asegurar.

–Creo que el duque sabe más de lo que pensamos –insistía Barrancones con nerviosismo–. Debemos preparar un plan de contingencia.

–Ese plan comenzó hace mucho, don Sebastián. Tengo cien mercenarios en la marca de Colina Magra que harán lo que yo les ordene. Y a nadie le extrañará que un duque que se la pasa viajando por el mundo un día desaparezca y no regrese jamás.

El despertar de los mares – Luna roja

Libro financiado por el Fondo Nacional del Libro y la Lectura, Línea de Creación, convocatoria 2016, Gobierno de Chile

© Edmundo Molina: 2025-S-229

Código registro propiedad intelectual Chile: 2025-A-4535

ISBN: 978-956-423-009-2